viernes, 30 de marzo de 2012

ORACIÓN AL CRISTO DEL CALVARIO

GABRIELA MISTRAL
1889-1957

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.



¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?


¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.


Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.
Amén.


jueves, 8 de marzo de 2012

PALABRAS DE AMOR PARA LA MUJER


En el día de la Mujer, honor a quien honor merece a María Santísima, la Nueva Eva, la Mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies. ¿A quién menor que a Ella entregarle cada pensamiento y obra de amor a Dios, para que sean purificados por sus dulces y poderosos ruegos maternales?
Oración de San Bernardo a la Virgen María
En tus entrañas se encendió ese amor
por cuyo ardor allí en la eterna paz
llegó a ser germinada así esta flor.
Cual luz de mediodía brilla tu caridad
sobre los santos. Y para los mortales
de esperanza eres vivo manantial.
Mujer, eres tan grande y tanto vales
que si alguien busca gracia sin tu ayuda
son un volar sin alas sus afanes.
Pues Tú con gran bondad no sólo cuidas
de quien te pide: con generosidad
te adelantas y das antes que acuda.
En Ti misericordia, en Ti piedad,
en Ti magnificencia, en Ti se aúna
cuanto en la criatura hay de bondad.
(de Dante Alighieri, La Divina Comedia,
Paraíso, Canto XXXIII)

martes, 6 de marzo de 2012

BASTA UN MINUTO PARA VENCER



San Pablo habla de ser soldados de Cristo y de revestirnos con la armadura necesaria para librar la batalla, entre el bien y el mal; y pienso que la mayor victoria que uno puede tener es vencerse a sí mismo. Evidentemente Nuestro Señor Jesús lo dijo bien claro cuando proclamaba sus enseñanzas y decía que aquel que quisiera seguirle tendría que negarse a sí mismo, que es lo mismo que vencerse. ¿Y qué tenemos que vencer en nosotros? Muchísimas cosas, más de las que nos imaginamos. Por eso, la gran victoria para los cristianos no está, en lograr grandes éxitos y frutos, sino que en cada uno de nosotros, sea Cristo que viva y que se refleje en nuestras acciones y reacciones (inesperadas) los sentimientos y obras de un verdadero cristiano.
San José María Escrivá de Balaguer, habla del “Minuto Heroico” como un ejercicio que se practica desde que nos levantamos. Decía él: “Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y... ¡arriba! -El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza” (Camino, 206).
Si aplicamos ese “Minuto Heroico” a tantos y tantos momentos de nuestras vidas donde tenemos que decirnos a nosotros mismos: “no es lo que quiero es lo que se debe”, “lo puedo hacer si quiero pero, no es conveniente”, “si, pero no”, etc., muchas cosas serían diferentes. Es, ese vencerse a sí mismo a las puertas de la ira, pereza, soberbia, lujuria, avaricia, envidia y gula. Es, ir en pos de la transformación de nuestras vidas. ¡Lo necesitamos! ¡El mundo lo necesita!
Hay demasiados cristianos que no nos vencemos a nosotros mismos, por eso, decía Gandhi que creía en el Dios de los cristianos pero no en los cristianos. El cristianismo es una revolución del AMOR muy fuerte y trascendental; pero, no esa “revolución del amor” que vimos en Jesucristo Super Star, eso es un espectáculo que se aleja de la realidad. El verdadero AMOR que Jesús vino a mostrarnos es aquel que es igual al SACRIFICIO; primero porque El siendo en esencia AMOR se sacrificó por todos nosotros y segundo, porque si decimos amar Dios debemos demostrarlo poniéndolo por encima de nuestros gustos, comodidades o placeres. Es más, si nos amamos verdaderamente a nosotros mismo, hemos de querer lo mejor, y eso es la felicidad ETERNA. Vencerse a uno mismo es procurar esa felicidad no para el momento presente sino para y por toda la eternidad.
Para lograrlo no hay que tener grandes planes espirituales, sino tener la conciencia plena de cada momento en el que vivimos; solo así nos daremos cuenta, en un minuto, que está pasando y de cómo podremos vencernos a nosotros mismos. Por eso, solo basta un minuto para vencer la batalla…y de batalla en batalla se gana la guerra.