lunes, 27 de febrero de 2012

FIJARSE EN EL OTRO II

FRAG. MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2012
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)
 2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de noviembre de 2011

viernes, 24 de febrero de 2012

FIJARSE EN EL OTRO

FRAG. MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2012
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

miércoles, 22 de febrero de 2012

UNA OPORTUNIDAD MAS

“ Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado; un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; un tiempo para llorar y un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar; un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse; un tiempo para buscar y un tiempo para perder, un tiempo para guardar y un tiempo para tirar; un tiempo para rasgar y un tiempo para coser, un tiempo para callar y un tiempo para hablar; un tiempo para amar y un tiempo para odiar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz”. (Eclesiastés 1, 1-8)
¿Cuántos de nosotros no hemos leído, escuchado o meditado esta cita bíblica? Probablemente montones de veces; se ha predicado en torno a ella, escrito poemas y canciones, en fin ¿Qué no se ha dicho? Lo que pueda escribir esta servidora sobre ella es menos que un diminuto granito de arena. Pero es tan hermosa, que no dejo de pensar en ella hoy, justo cuando los católicos comenzamos, con el Miércoles de Ceniza, Cuaresma (tiempo en que recordamos los 40 días que estuvo Jesús en el desierto, con ella nos preparamos para conmemorar su Pasión, Muerte y Resurrección).
“Hay un momento para todo”, Cuaresma resulta ser, y no un momento cualquiera sino, una oportunidad única y muy valiosa para detenernos y analizar el sentido de nuestras vidas, la calidad de nuestra relación con Dios, y sobre todo, si entendemos o no el alcance de Su Amor demostrado a través de Jesucristo, Su hijo Amado, Quien murió y resucitó para abrirnos las puertas del Cielo.
Andamos en búsqueda de muchas cosas y solo una hace falta… Sucede que muchos no entiendan ni estén muy de acuerdo con lo que es Cuaresma; algunos pensaran que solo es tradición o que está pasada de moda, que la vida ha evolucionado y otras cosas son las que importan. Pero ¿saben? No todo se ha alcanzado, en nuestro interior, en lo más profundo de nuestro corazón intuimos que nos falta encontrar el misterio grande y profundo de la vida, de la existencia.
Hemos tenido tiempo para todo, y pregunto ¿Cuál es el momento para Dios? Esta Cuaresma es la GRAN oportunidad para tener momentos de encuentros con el Amor Misericordioso de Dios; es buen momento para cambiar la página y comenzar a escribir nuevos episodios de nuestra vida. Y esto así, para TODOS…  Por eso, le doy gracias a Nuestro Señor por esta Cuaresma, porque para mí es una OPORTUNIDAD más de cambio, transformación, desapegos, crecimiento, perseverancia. Una oportunidad más, para darle más importancia a la oración, y a través de ella tener citas de encuentro con lo divino y sobrenatural de ese mundo de Dios que espera revelársenos. También, para mi esta Cuaresma es una oportunidad más para negación de pequeñas cosas que me atan y nunca me dejarán negarme a otras aún mayores.
Hagamos de esta Cuaresma una experiencia única de AMOR, donde podamos descubrir su gran enseñanza que el AMOR ES IGUAL A SACRIFICIO. Que la Santísima Virgen nos conduzca de su mano en este trayecto ¡Que mejor Compañía y Maestra! Ella nos ayudará a encontrarnos con Dios y con el verdadero valor del sacrificio de su Hijo Jesús.

martes, 14 de febrero de 2012

RECUPERANDO AMORES PERDIDOS


Es común, demasiado común en la vida cotidiana, que busquemos algo con mucho afán y no lo encontremos aunque lo tengamos cerca, buscamos y buscamos…. luego nos damos cuenta que lo teníamos prácticamente en las narices, como se suele decir. De la misma manera pasa cuando queremos necesitamos guardar algo, lo hacemos en lugares donde no queremos que nadie lo tenga a la vista que termina perdiéndose para nosotros mismos. Reflexiono, entonces, en lo fácil que podemos perder las cosas, las oportunidades, los sentimientos, los amores.
Hoy, es San Valentín, una festividad que celebramos en muchos países, como el Día del Amor y de la Amistad. Me pregunto, ¿Cuántos amores hemos perdido? Y me refiero a todo tipo de amores. Normalmente crecemos y vivimos rodeados de amores; de nuestros padres, hermanos, familiares, amigos, pareja (esposos o novios), compañeros de clases y de trabajo. En fin, poco o mucho son amores, porque en ellos se expresa, de alguna manera u otra, cariño, respeto, deseos de servir, proteger ver feliz al otro. Lo más hermoso y trascendental es cuando uno de esos amores va transformándonos poco a poco.
Pero la vida suele dar muchas vueltas, hoy estamos aquí, mañana allí. Podemos tener a nuestro lado ese familiar, amigo o amiga o pareja sentimental que ha sido importante para nosotros, y de momento por alguna circunstancia, entendamos o no, nos vemos separados. Es triste, sobre todo cuando hay momentos en los que, por esa perdida,  se puede sentir desilusión, abandono, coraje, tristeza, amargura o soledad. Por eso creo que es bueno “recuperar amores”. Es decir, hay que buscar formas de acercarse a los que hemos perdido, ya sea física o espiritualmente, esto se puede lograr a través de tener nuevas  acciones o cambiando actitudes….allanando caminos, haciendo puentes; olvidando malas experiencias, perdonando, recordando las vivencias agradables… ¡Cuantas cosas podemos hacer para recuperar amores perdidos”… Piensa y encontrarás la forma.  
Ahora bien, profundizando en esto, veo hay un amor que la humanidad ha perdido. Y se nota claramente en un reclamo de Nuestro Señor Jesucristo hace al respecto cuando nos dice: “Tengo contra ti que he perdido tu amor de antes” (Apoc. 2,4).  El amor de antes, el amor del principio; es ese amor que se comienza a sentir por ejemplo, y veámoslo en los enamorados, cuando todo lo que se ve es color de rosa, no se miras los defectos y se está dispuesto a todo por esa persona amada. Cuando en el comienzo de nuestra vida espiritual (cada quien tiene el suyo, y es diferente) empezamos a amar a Dios, siempre lo hacemos disfrutando de los beneficios de un amor que DA espléndidamente sus bendiciones. Recibimos lo que Dios nos da en su Amor, y en ese orden de ideas estamos perdidamente enamorados de Él, decimos y hacemos lo que sea. Pero el amor tiene que madurar, y la rutina de la perseverancia, la fidelidad en medio de la prueba, la libertad de un amor sin ataduras, no son cosas fáciles; se puede ir perdiendo si no lo alimentamos de pequeños sacrificios. De ahí la enseñanza de Cristo: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo  mucho” (Luc 16,10).
Si existe un amor que hemos perdido y debemos recuperar, es el AMOR hacia Dios. Debemos para esto, adéntranos en la profundidad y alcance de de este Amor que eterno, transformador, vivificador, sacrificado y redentor… ¿Qué mas decir? MISERICORDIOSO. Si, misericordioso y esa Misericordia del amor de Dios Padre, la muestra en el SACRIFICIO PERFECTO de Su Hijo Jesucristo; Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). AMOR ES IGUAL AL SACRIFICIO, por eso, la Virgen del Rosario del Pozo en el cuarto mensaje (que dejara en su visita a Sabana Grande, Puerto Rico, en 1953) dijo: Les confirmo que el Amor y la Misericordia de mi Hijo son grandes para los que restituyen”. ¿Para los que restituyen, qué? Pues, el amor perdido, el amor principio, del paraíso, ese donde se amaba a Dios sobre todas las cosas.
Hoy te invito a entrar en ese “elixir” (esencia) del Amor Misericordioso de Cristo que también menciona la Virgen del Pozo. ¡Recupera ese amor a Dios! Vuelve a Él a través  de la reconciliación, del perdón, de la fidelidad, de renuncias, de romperá ataduras. Esa MISERICORDIA PLENA de ese AMOR espera para manifestarse a tu vida: Él espera y yo les llamo a la conversión inmediata y sincera” (Virgen del Pozo / 4to. mensaje).  
San Valentín es una fiesta del mundo… pero HOY podemos hacer de ella una fiesta redentora del Amor Misericordioso y decides dar el paso y recuperas el Amor de los Amores… quien dio la vida por ti.
 “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos… No los llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos…” (Jn 15)
“El que encuentra un amigo, encuentra un tesoro…” 

viernes, 10 de febrero de 2012

UN JUAN ESCOGIDO POR DIOS

¿Cuántos Juanes tiene la historia? … Si… La historia de la humanidad, la historia de la Iglesia, la historia de la vida misma… Muchos, muchísimos, Juanes que han dejado plasmado huellas, huellas que no las borra fácilmente el tiempo. Juanes que en su época, algunos, fueron muy amados y otros difícilmente comprendidos.
Hay un JUAN que conozco, que reúne todas esas cosas y muchas más. Este, es un Juan escogido por Dios para acompañar a la Santísima Virgen María durante 33 días. ¿Será esto algo característico de los Juanes? Recordemos al Apóstol San Juan y a San Juan Diego.  El Juan al que me refiero tuvo ese privilegio hace casi 59 abriles, cuando apenas tenía 8 añitos de edad. En ese entonces, Juan Ángel Collado, un niño campesino y sumamente tímido de la Isla de Puerto Rico, tuvo el privilegio maravilloso de ver, como dice él a la mujer más hermosa que jamás hayan visto sus ojos. Durante 33 días consecutivos, del 23 de abril al 25 de mayo -ver historia- el niño Juan estuvo al lado de Ella… caminando día tras día y recibiendo formación particular de Aquella que fue la formadora de Cristo, y quien se le identificó como la Virgen del Rosario.
Si, definitivamente fue un privilegio muy grande. Pero hay privilegios que cuestan caro, a Juan le ha costado persecución, calumnias, sufrimientos, dolor y soledad. Porque desde pequeño llevó consigo una de las señales que autentifican las verdaderas manifestaciones de Dios: la persecución. Desde chico muchos le decían mentiroso y que no era verdad que la Virgen se le apareció en aquel lugar, esto a pesar de que dos hermanitas, Ramonita e Isidra Belén, eran también testigos presenciales de la aparición. En su inocencia infantil, Juan Ángel, llegó a pensar que había sido malo haber visto a la Madre de Dios. ¡Qué crueles solemos ser los seres humanos cuando nos creemos “más papista que el papa”!
Sin embargo la Virgen Madre Formadora le había enseñado muy bien. Él, Juan, repetía constantemente a la Virgen: “Quiero estar siempre a tu lado”. Y Ella maternalmente le decía: “Eso es lo que tú dices ahora”. Un día, después que el niño  volviera a expresar ese deseo, Ella levantó su mano derecha y frente a los ojos del niño apareció una visión. 

Allí estaba un hombre todo ensangrentado, llevando sobre sus hombros un pesado madero que le hacía caer sobre las piedras del camino, abriéndole sus heridas cada vez más;  le escupían, le insultaban y le daban latigazos. Así fue subiendo hacia un monte donde lo colocaron sobre una cruz. Con duros martillazos traspasaron sus manos y sus pies con clavos sin punta, causándole un profundísimo dolor.  El niño miraba angustiado sin comprender y, entonces, la Santísima Virgen le dijo: "Eso es estar a mi lado".
Y así ha sido. Como amigo de la Cruz de Cristo, como verdadero hijo de María Santísima la vida de Juan Ángel Collado ha sido una de Calvario y de Cruz, eso es estar al lado de la Virgen; pero su vida ha estado impregnada de amor y sabiduría para todos aquellos que lo conocemos realmente.
¿Por qué escribo hoy sobre él? Porque es su cumpleaños… Y aunque va pasando el tiempo, no así, el respeto y cariño de todos los que de alguna manera u otra le agradecemos profundamente su SI, ese que le llevo de ser instrumento para que la Misión de la Virgen del Rosario del Pozo se hiciera una realidad. ¿Qué tiene detractores?  Si, muchísimos… Dentro y fuera de la Iglesia. Pero los frutos son los que valen, que por algo dijo Jesucristo que por sus frutos los conocerán. Y en honor a la verdad por eso escribo estas líneas, y van a quedar cortas, porque es mucho, lo que tendríamos que decir de este gran hombre… Que ladren los perros a las sombras si así lo quieren, algún día se cansarán y nunca dejaran huellas, ni siquiera de lo que se ha escrito y gritado para manchar la fama e imagen de Juan Ángel Collado. Pero él si, sus verdaderas huellas quedarán plasmadas en las futuras generaciones que llevarán por siempre en su mano derecha el crucifijo, en la izquierda el rosario y sellos de amor y plenitud en sus vidas.
Juan nos enseñó  que no es lo mismo “que tengas el pelo blanco a que se ponga blanco el pelo”. Y no solo por las canas que trae el sufrimiento redentor sino por el amor que se hace eterno. También, decía que “el amor de María toco tus puertas para sufrir”. ¡Gracias Juan! Todos los que hemos aprendido a dar la vida por Dios y la Virgen, le damos gracias… Porque el pelo se ha puesto blanco, aunque algunos nos lo pintemos y porque al enjuagar las lágrimas de la Purísima del Pozo hemos ido poco a poco descubriendo la verdadera alegría y esa magia del amor de la que tanto hablas y donde se saborea el mundo sobrenatural de Dios.
Estoy segura que en cualquier país del mundo, donde quiera que se encuentre un promulgador fiel o devoto de la Virgen del Rosario del Pozo, le envía un abrazo de luz, a quien consideramos el padre fundador de la Misión Nuestra Señora del Rosario del Pozo. ¡Feliz Cumpleaños, Juan…!
Algo importante, para quitar la preocupación de encima para los que así se sientan… Es bien sabido que Dios escribe derecho en renglones torcidos, y que Sus designios y misterios son revelados según Su Santa Voluntad a Sus escogidos.

jueves, 9 de febrero de 2012

TODO PASA

Ayer leía una reflexión muy sabia que me gusto mucho, por lo mística y real que resultó ser. Decía: TODO PASA… Mírate y mira eso que tanto amas. Tus padres, hermanos, hijos, esposa o esposo, amigos… tu casa, tu habitación, tu ropa, zapatos, tu auto… mira todo cuanto crees que posees, tus bienes, tus cosas, tu gente. Búscalos de aquí a unos 50, 100 años y verás que no estarán, habrá todo desaparecido, terminado. Nada perdura en esta tierra, todo lo humano pasa, se deteriora, desaparece. Todo pasa y termina menos algo… tú. Tú eres eterno porque fuiste creado con un alma inmortal para gozar para siempre en el mundo real y verdadero de felicidad para siempre… mundo de Dios, sobrenatural y maravilloso… o para padecer eternamente en medio de la oscuridad, la angustia y el sufrimiento…”.
¡Qué verdad tan profunda e inequívoca! Evoca las enseñanzas del Evangelio y la visión, que hemos perdido de la Vida Eterna; mme lleva a recordar las palabras de Nuestro Señor Jesucristo cuando dice: “de que le vale al hombre ganar la vida y al final pierde su alma”. En todo el Evangelio cada palabra que El dijo, cada parábola y con cada hecho que realizó, buscaba transmitirnos una visión sobrenatural de la existencia del mundo de Dios y de la transcendencia de nuestro ser. Pero también enfatizó bastante sobre los obstáculos que pudieran empañar esa visión de lo eterno. Por ejemplo, los regalos, talentos y dones que  Dios nos ha dado (la familia, el trabajo, la salud, etc.) la mayor parte de las veces los utilizados como excusas para no responder al llamado de Dios y vivir una vida conforme a Su Santa Voluntad.
Nos amarramos y apegamos a las personas, puestos, cosas materiales, gustos, y hasta de nuestras mascotas; creemos que podemos vivir sin esas cosas y se nos olvida que “TODO PASA”. Solo hay una realidad que nos acompaña: nosotros mismos y eso desde ahora hasta la eternidad, como dice como dice la reflexión.
Cierro los ojos, hago silencio y me doy cuenta de quién soy…. Ser creado por Dios con una misión. Y en esa soledad bendita (porque no todas las soledades son malas)… donde me siento, exploro, viajo, muevo y vivo. Allí en el silencio me encuentro que el Eterno, Dios Trino, es Quien me invade y me invita a edificar una eternidad donde podré hacer un Tu y Yo con El, eternamente. ¡Qué hermoso y místico suena! Pero para llegar allí, hay que tener presente que TODO PASA y que no vale la pena aferrarse a lo que es transitorio y que ha sido dado por Dios como don para acercarnos a Él y llevar a cabo la misión encomendada.

¿Qué cosa no pasa en esta tierra?  La huella eterna que podemos dejar en los demás cuando le hablamos de Dios y  transmitimos nuestra fe… las gracias que podemos alcanzar para otros a través de la oración y nuestras acciones generosas. Pero más que nada, el cumplir con nuestra misión, porque si algo estoy segura es que esa encomienda no se queda en uno mismo sino que se dirige a Dios y a los demás.
La Virgen del Rosario del Pozo, el sextomensaje que dejo en su visita a Puerto Rico, nos quiso aclarar la VISION de lo ETERNO. Lo plantea como una realidad palpable y para nada etérea (hagan click en sexto mensaje para lean el fragmento del mensaje), dejando ver claramente que esa realidad no pasa… Es como Dios, en EL no hay sombras, El  no se muda, como decía Santa Teresa de Ávila. Así pues luchemos por lo que es VERDADERO y NO PASA…. La eternidad de nuestro ser en Dios.
Edificar la eternidad al lado de Dios, Uno y Trino, es caminar en esta tierra
hasta ir ascendiendo por un camino de Cruz que nos lleva a la Redención de nuestra alma.
Camina sin descanso pero con el corazón repleto de ilusión
hacia ese mundo sobrenatural donde los sentidos se potencializan y
lo místico y sublime es cotidiano.

jueves, 2 de febrero de 2012

ENTRE MUCHAS Y OTRAS COSAS


Así vivimos contantemente, entre muchas y otras cosas… El tiempo corre tan velozmente que no nos damos cuenta y la vida está repleta de acontecimientos que pueden suceder en tan solo un día.
Sin embargo, para aquellos que creemos en Dios y que nuestra existencia está en Sus manos benditas, entendemos que esas “muchas y otras cosas” tienen que ver con Su Santa Voluntad. Dice Nuestro Señor Jesucristo que “¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Mt, 10, 29-30). Y se dice también, con mucha certeza que no cae una hoja de un árbol sin que sea su voluntad. Así pues, nuestra actitud ante la vida por los cambios que se nos presenta, los problemas y retos, no dejan de ser más que oportunidades de crecer y de amar… Crecer humana y espiritualmente y amar profundamente a Dios y a los demás.
Entre muchas y otras cosas me encuentro desde hace mucho tiempo... En estos momentos no estoy en mi país, sino en la querida Borinquén (así le llaman a Puerto Rico), mi segunda patria, por no decir otra cosa. Soy Misionera (soy parte de la Misión Nuestra Señora del Pozo); y esta vocación maravillosa me lleva a estar así “entre muchas y otras cosas”. Es tener la actitud de los primeros apóstoles que obedeciendo el mandato de Cristo de esparcir por el mundo la Buena Nueva del Evangelio, salieron rompiendo ataduras y alcanzaron la verdadera libertad de los hijos de Dios. De la misma manera que lo hizo San Francisco en aquella plaza de Asís, cuando delante del Obispo, de su padre y de todo el pueblo se despojó de sus ropas y se las entregó a su progenitor como símbolo de su desprendimiento al mundo y de su pertenencia total a Dios Padre.

¿Cuántas veces en nuestras vidas tenemos la oportunidad de seguir el ejemplo de Jesús, de los apóstoles y de los santos? Les aseguro que muchas veces; siempre tenemos oportunidades de tomar decisiones donde nuestra voluntad tiene que definirse entre los placeres, comodidades, sentimentalismos, riquezas, famas, etc., que nos ofrece este mundo o lo que verdaderamente es real  y lleva a la eternidad, que es seguir la Voluntad Suprema de Dios en nuestras vidas. Santificarnos a través del amor que es igual al sacrificio (a ejemplo de Jesús) y por medios de los sacramentos, la oración, sacrificios, las virtudes, etc.
Por eso la Virgen del Rosario del Pozo en su sexto mensaje nos habla de esa realidad que se consigue cuando nuestras “muchas y otras cosas” están basadas en el cumplimiento de la Voluntad de Dios. Ella nos dice en el sexto mensaje que dejo durante su aparición en Sabana Grande, Puerto Rico en 1953: … El humanismo y el sentimentalismo mundano han reemplazado el amor a la vida sobrenatural y espiritual. Se ha perdido la esperanza en la verdadera vida, la vida eterna…Esparzan por el mundo la nueva de mi Hijo, existe una vida sobrenatural y eterna. Ésta no es ilusión ni es etérea, sino que es auténtica, palpable. Anuncien la vida después de la muerte como el nacimiento a la verdadera vida, donde ya no se muere y Dios nos proveerá todo sin sufrimientos. En la vida eterna participaremos”.
Por eso, estoy tranquila. Porque aunque tenga mis “muchas y otras cosas”, todas ellas tienen que ver con esa Voluntad de Dios, y que me las muestra mi Santa Madre… Todas esas cosas hechas con virtud y en  gracia, si persevero,  han de llevar a esa Vida Eterna prometida por Cristo. Y aunque ellas, me ocupan y no pueda estar pendiente a otras cosillas que me gustan, no me preocupo ni tengo miedo; solo me ocupo de las cosas de Dios, mientras El se ocupa de las mía. ¿O no fue eso lo que nos quiso decir Jesús con sus palabras: “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura". (Mt 6,33)?
Todos los hijos deberíamos estar bien ocupados en hacer realidad en nuestras vidas el plan de Dios, al fin y al cabo vinimos con una MISION que debemos cumplir y no podemos terminar nuestro caminar por esta vida sin encontrarla esa misión y cumplirla. ¡Qué gran reto! Y mientras, le doy gracias a Dios por las muchas y otras cosas que tengo!