Joan Manuel Serrat tiene una canción que dice: “Hoy
puede ser un gran día, plantéalo así…”; Pienso que si, hoy primer día de
Adviento es una excelente ocasión para comenzar, “nacer de nuevo” como Jesús le
decía a Nicodemo. Una buena confesión nos vendría muy bien. Algunas renuncias, y uno que otros ofrecimientos que en sacrificio
podemos ofrecer para que nuestro corazón se convierta en un pesebre limpio, confortable
y lleno de amor para cuando celebremos el Nacimiento del Mesías, El nazca en
nosotros.
Elevemos nuestro espíritu con una esperanza
renovadora, de que “viene el Señor, y mi corazón preparo para ese encuentro”. ¿Qué
les parece si este Adviento, con frecuencia recitemos el Cantico de Zacarías?
De hecho, en el corazón orante del Cuerpo Místico de Cristo, que es la misma
Iglesia, se recita todos los días en la Liturgia de las Horas. Recitémoslo con
el corazón expectante, alegre y lleno de esperanza, entonces nuestra NAVIDAD será
diferente.
CANTICO DE ZACARIAS; EL MESIAS Y SU PRECURSOR (LC 1,68-79)
Bendito sea el Señor, Dios
de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.











