domingo, 27 de noviembre de 2011

ADVIENTO…HOY PUEDE SER UN GRAN DIA


Hoy comenzamos Adviento, un tiempo precioso, lleno de expectación, gozosa espera y de meditaciones místicas y esperanzadoras. Adviento es un tiempo litúrgico dentro de nuestra Iglesia, que abarca los cuatro domingos antes de la celebración de la Navidad; nos sirven para prepararnos espiritualmente. Lamentablemente lo banal, ficticio y superficial de esta humanidad ha opacado el significado verdadero de la Navidad y, por ende, del Adviento. 
Joan Manuel Serrat tiene una canción que dice: “Hoy puede ser un gran día, plantéalo así…”; Pienso que si, hoy primer día de Adviento es una excelente ocasión para comenzar, “nacer de nuevo” como Jesús le decía a Nicodemo. Una buena confesión nos vendría muy bien. Algunas renuncias, y  uno que otros ofrecimientos que en sacrificio podemos ofrecer para que nuestro corazón se convierta en un pesebre limpio, confortable y lleno de amor para cuando celebremos el Nacimiento del Mesías, El nazca en nosotros. 
Elevemos nuestro espíritu con una esperanza renovadora, de que “viene el Señor, y mi corazón preparo para ese encuentro”. ¿Qué les parece si este Adviento, con frecuencia recitemos el Cantico de Zacarías? De hecho, en el corazón orante del Cuerpo Místico de Cristo, que es la misma Iglesia, se recita todos los días en la Liturgia de las Horas. Recitémoslo con el corazón expectante, alegre y lleno de esperanza, entonces nuestra NAVIDAD será diferente.
CANTICO DE ZACARIAS; EL MESIAS Y SU PRECURSOR (LC 1,68-79)
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

sábado, 19 de noviembre de 2011

TOTA PULCHRA ES MARIA


Hace unos días me mandaron una canción, sumamente espiritual y preciosa, estaba en latín. Era "Tota pulchra es". El origen de esta pieza musical (que fue creada por el compositor austriaco Anton Bruckner-1824-1896) proviene de una oración católica antigua, escrita en el siglo IV. Corresponde a una de las cinco antífonas de los salmos de las segundas Vísperas de la Fiesta de la Inmaculada Concepción. El título significa "Toda hermosura es" (refiriéndose a la Virgen María). El himno habla de su Inmaculada Concepción; tiene algo del texto del libro de Judith y otro del Cantar de los Cantares. Dice:
Tota pulchra es Maria.
Et macula originalis non est in te.
Tu gloria Ierusalem.
Tu laetitia Israel.
Tu honorificentia populi nostri.
Tu advocata peccatorum.
O Maria. Virgo prudentissima.
Mater clementissima.
Ora pro nobis.
Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.
In conceptione tua, Immaculata fuisti.
Ora pro nobis Patrem cuius Filium peperisti.
Domina, protege orationem meam.
Et clamor meus ad te veniat. Amen.
Les doy la traducción en español:

Toda hermosura eres, María.
Y la mancha original no está en ti.
Tú eres la gloria de Jerusalén.
Tú, la alegría de Israel.
Tú eres el honor de nuestro pueblo.
Tú eres la abogada de los pecadores.
¡Oh, María. Virgen prudentísima.
Madre Clementísima.
Ruega por nosotros.
Intercede por nosotros ante Nuestro Señor, Jesucristo.
En tu concepción fuiste inmaculada.
Ruega por nosotros al Padre cuyo Hijo diste a luz.
Señora protege mi oración.
y llegue a ti mi clamor. Amen.

Disfruten en esta buena música, y eleven su alma a Aquella a cuyos pies esta rendida toda la creación.


jueves, 17 de noviembre de 2011

¿NECESITAS UN BLOG?


La entrega surge al reconocer la necesidad; entonces ante la necesidad, se responde con habilidad, eso es responsabilidad. Ahora bien, ante la necesidad de difundir un mensaje pleno y lleno de esperanza que contribuya a la construcción de la Civilización del Amor profetizada por Pablo VI y motivada por Juan Pablo II, surge la responsabilidad de hacer algo en Internet.
Muchos católicos han emprendido, desde hace tiempo, el sendero de sembrar la VERDAD de Dios en el corazón de la Web. Sumergidos en la entrega, creatividad y entusiasmo han logrado arar un camino que aporta luz en medio de la confusión; a través de sus blogs transmite, con diferentes estilos, una  evangelización “nueva en su métodos, expresión y ardor”, como decía el Beato Juan Pablo II.
En ese orden de ideas, hay un firmamento de blogs católicos, que han llegado a ser la luz en el universo de muchas almas. Esta servidora, está tratando desde hace unos tres años, con Minuto Heroico, de poner mi diminuto granito de arena; entre luces y sombras, haciendo malabares con el tiempo procuro llevar fe, esperanza e ilusiones, inspirada en el mensaje de Jesús y la devoción de la Virgen del Rosario del Pozo.
Conociendo el medio de los blogs católicos me he encontrado con gente realmente genial. Una de esas personas, Ángel Sánchez de “Siete en Familia”, ha concebido una idea muy creativa y llena de inspirada, y fue la de hacer un directorio de blogs. Ayudado por Arcendo de “La hoja delArce”, otro hombre de fe y con mucha creatividad han lanzado, a principios de este mes, a la blogosfera  un nuevo blog que es un directorio de blogs.
Según Ángel este blog un lugar de encuentro, tanto de católicos, como de cualquier tendencia, que crea en los valores humanos y los defienda. No hay censuras ni restricciones, son bien recibidos todos los credos que respeten unos mínimos”.
Aprovechemos este maravilloso instrumento que tenemos en nuestras manos. No hay necesidad de ir a beber a aguas turbias y confusas; Dios tiene un discurso y aquellos que aman, permanecen en oración y con vida de entrega suelen ser Su Voz.
Les dejo con el enlace del nuevo blog, directorio de blogs CATOLyBLOGS (hagan click a la imagen). Añadámoslo a nuestros favoritos para que nos edifiquemos nuestras vidas y fortalezcamos la fe. Seamos, pues,  el fermento de fe y esperanza que necesita esta humanidad.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LAS PIRUETAS DE LOS NABOS

ESCRITO DE SAN RAFAEL ARNAIZ BARON
12 de diciembre de 1936 (25 años) / Monasterio trapense de San Isidro de Dueñas
Las tres de la tarde de un día lluvioso del mes de diciembre. Es la hora del trabajo. Como hoy es sábado y hace mucho frío, no se sale al campo. Vamos a trabajar a un almacén donde se limpian lentejas, se pelan patatas, se trituran berzas, etc. El día está triste, unas nubes muy feas, un viento fuerte, algunas gotas de agua que caen de mala gana y, dominándolo todo, un frío digno del país y de la época.

Lo cierto es que, aparte del frío que noto en mis helados pies y mis refrigeradas manos, todo esto se puede decir que casi me lo imagino, pues apenas he mirado a la ventana.

La tarde que hoy padezco es turbia, y turbio me parece todo. Me abruma el silencio, y parece que uno diablillos, están empeñados en hacerme rabiar con una cosa que yo llamo recuerdos... Paciencia y esperar.

En mis manos han puesto una navaja y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes, que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan enormes y tan fríos. ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy dejando lindamente pelados.

Los diablillos me siguen dando guerra. ¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esta seriedad de magistrado de luto.

Un demonio pequeñito y muy sutil, se me escurre muy adentro, y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí en el monasterio entre lentejas, patatas, berzas y nabos.

El día está triste. No miro a la ventana, pero lo adivino. Mis manos están coloradas, como los diablillos; mis pies ateridos. ¿Y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poco. Pero no importa, refugiémonos en el silencio.
Transcurre el tiempo con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma. Una luz divina, cosa de un momento. Alguien me dice: ¿qué estás haciendo? ¿Que qué estoy haciendo? ¡¡Virgen Santa, qué pregunta!! Pelar nabos, ¡pelar nabos! ¿Para qué? Y el corazón, dando un brinco, contesta medio alocado: pelo nabos por amor..., por amor a Jesucristo.

Ya nada puedo contar que claramente se pueda entender, pero sí diré que allá adentro, muy adentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que antes tenía; sólo sé decir que en el mundo se pueden hacer de las más pequeñas acciones de la vida, actos de amor a Dios; que cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre nos puede hacer ganar el cielo. Que pelar unos nabos por verdadero amor a Dios le puede dar a Él tanta gloria y a nosotros tantos méritos como la conquista de las Indias; pensar que sólo por su misericordia tengo la enorme suerte de padecer algo por Él, es algo que llena de tal modo el alma de alegría que si en aquellos momentos me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestro y siniestro, tratando de hacer comunicar a las pobres raíces de la tierra, la alegría del corazón. Hubiera hecho verdaderas filigranas con los nabos, la navaja y el mandil.

Me reía a «moco tendido» (quizás por el frío) de los diablillos rojos que, asustados de mi cambio, se escondían entre los sacos de garbanzos y en un cesto de repollos.

¿De qué me puedo quejar? ¿Por qué entristecerse de lo que es sólo motivo de alegría? ¿A qué más puede aspirar un alma que a sufrir un poco por un Dios crucificado? Nada somos y nada valemos; tan pronto nos ahogamos en la tentación, como volamos consolados al más pequeño toque del amor divino.

Cuando comenzó el trabajo, nubes de tristeza cubrían el cielo. El alma sufría de verse en la cruz; todo le pesaba: la Regla, el trabajo, el silencio, la falta de luz de un día triste, gris y frío. El mundo, tan lejos, tan lejos, y yo mientras tanto, pelando mis nabos sin pensar en Dios. Pero todo pasa, incluso la tentación. Ha pasado el tiempo, ya llegó el descanso, ya se hizo la luz, ya no me importa si el día está frío, si hay nubes, si hay viento o si hay sol. Lo que me interesa es pelar mis nabos, tranquilo, feliz y contento, mirando a la Virgen y bendiciendo a Dios.


¿Qué importa la pena de un momento, el sufrir un instante? Lo que sé decir es que no hay dolor que no tenga compensación en ésta o en la otra vida y que, en realidad, para ganar el cielo se nos pide muy poco. Aquí en una Trapa, quizás sea más fácil que en el mundo, pero no es por el tipo de vida, pues en el mundo se tienen los mismos medios de acercarse a Dios.

El hombre es el mismo aquí que allí; su capacidad para sufrir y para amar es la misma; porque dondequiera que vaya, llevará cruz. Sepamos aprovechar el tiempo. Sepamos amar esa bendita cruz que el Señor pone en nuestro camino, se a cual sea, fuere como fuere. Aprovechemos esas cosas pequeñas de la vida diaria y vulgar. No hacen falta grandes cosas para ser santos, basta hacer grandes las cosas pequeñas. Dios me puede hacer tan santo pelando patatas, como gobernando un Imperio.

Qué pena que el mundo esté tan distraído, porque he visto que los hombres no son malos, y que todos sufren, pero no saben sufrir. Si por encima de la frivolidad, si por encima de esa capa de falsa alegría con la que el mundo oculta sus lágrimas, si por encima de la ignorancia de lo que es Dios elevaran un poco los ojos a lo alto, seguramente les ocurriría lo que al fraile de los nabos: muchas lágrimas se enjugarían, muchas penas se endulzarían y muchas cruces se amarían...

Cuando terminé el trabajo y me puse en oración a los pies de Jesús muerto, allí a sus plantas deposité un cesto de nabos peladitos y limpios. No tenía otra cosa que ofrecerle, pero a Dios le basta cualquier cosa entregada con el corazón entero, sean nabos, sean Imperios.

La próxima vez que vuelva a pelar raíces, sean las que sean, aunque estén heladas, le pido a María no permita que se me acerquen diablillos rojos a hacerme rabiar. En cambio, le pido que me envíe a los ángeles del cielo para que yo pelando y ellos llevando en sus manos el producto de mi trabajo, vayan poniendo a los pies de la Virgen María rojas zanahorias; a los pies de Jesús, blancos nabos, y patatas y cebollas, coles y lechugas.

En fin, si vivo muchos años en la Trapa voy a hacer del cielo una especie de mercado de hortalizas y cuando el Señor me llame y me diga basta de pela, suelta la navaja y el mandil y ven a gozar de lo que has hecho, cuando me vea en el cielo entre Dios y los santos, y tanta legumbre, Señor Jesus mío, no podré por menos que echarme a reir.