Continuamente esperamos que nos sucedan muchas cosas, a nivel material, emocional y espiritual. De ahí la virtud de la ESPERANZA. ¿Qué sería del ser humano si no tuviera esperanza? La consecuencia de su ausencia lo vemos en claramente, pues la humanidad se sumerge cada vez más en grandes crisis morales, sociales y espirituales; los índices de suicidios aumentan y la depresión es el pan nuestro de cada día. La gente ha perdido la esperanza. Adviento se trata eso, de recobrar la esperanza… Pues Jesús, que nace en el Pesebre de Belén, es un Dios de Esperanza.
Sabiamente, la Iglesia nos presenta este tiempo de Adviento, un tiempo que antecede al tiempo de Navidad… Aunque veamos que los comercios, las casas, las avenidas de nuestros países estén llenen de adornos alegóricos a la Navidad, litúrgicamente Navidad comienza con esa Noche Nueva, donde nace el Dios Encarnado.
Decimos que Adviento es un tiempo de Espera porque guardamos la manifestación de un gran acontecimiento: el nacimiento de Nuestro Salvador. Tiempo de espera gozosa y expectante ya que lo que esperamos es la llegada de nuestra Salvación. Definitivamente es un tiempo importante y solemne, es tiempo favorable; podríamos decir que es el tiempo en que estuvieron esperando y ansiando los patriarcas y profetas, quienes tanto suspiraron esperando ver realidad las promesas cumplidas de la llegada del Mesías.
Por esta razón, la persona de Simeón es notoria pues vio lleno de alegría, lo que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre Eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. Exclamó Simeón al tener ante sus ojos al Salvador tan esperado: "Ahora Señor según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu salvación, la que has preparado ante todos los pueblos. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel" (Luc 2, 29).
En este tiempo, María Santísima se nos presenta como la Madre de la Espera, caminemos pues este Adviento tomados de su mano, dejando que su vida nos ilumine y que Ella nos enseñe como debemos esperar al Salvador, para que nazca en nuestro corazón y nos transforme.
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre" (Mt 24,37-44).




































